martes, 14 de febrero de 2012

Las estrellas y la luna llena (Expedición Manokwari 2012).



Si la luna llena alimenta por igual el alma de los licántropos y de los enamorados, aquí, en este lugar perdido de Cenderawashi, “espanta” a los tiburones ballena. Llevamos horas flotando en el agua, junto a una bagan (una especie de plataforma pesquera) y no pasa nada, ni rastro de los tiburones, por mucho que lanzamos ikan puri (anchoas) al agua, nada acude a la llamada. Uno de los pescadores nos dice que tiene que ver con la luna llena, ya que siempre, dos días después de su salida, los tiburones ballena desaparecen como si se los hubiera tragado el mar. Afortunadamente, esta madrugada, nada más llegar aquí, en nuestra primera inmersión, nos encontramos con dos hembras –de pequeño y mediano tamaño- chupando las redes de anchoas de esta misma bagan. Llevo toda mi vida transmitiendo y comunicando a los lectores todo tipo de experiencias y situaciones y nunca pensé que me costaría tanto explicar lo que he sentido hoy bajo el agua. Voy a intentarlo, pero aviso que, seguramente, me quedaré corto. 

Un tiburón ballena come en superficie/CHANO MONTELONGO
Cuando un animal de seis metros de largo, con una boca de más de un metro te mira a apenas 20 cm de distancia con su enorme ojo del tamaño de una pelota de tenis y, sin inmutarse abre su boca y comienza a tragarse kilos de anchoas y media bahía…, apenas te quedan fuerza para cerrar la mandíbula y evitar que el regulador se te caiga de la boca. 
Relajados, tranquilos, sin inmutarse por la presencia humana, estos hius (tiburones en indonesio) –y aquí llamados gurango bintang, es decir “tiburones estrella”, en referencia a los lunares de su lomo- se pasaron más de una hora nadando a nuestro alrededor…, parsimoniosos, con muchísimo cuidado de no golpearnos con sus enormes y poderosas aletas, que utilizaban prácticamente para acariciarnos con curiosidad maternal. 


Buceadores junto a un tiburón/CHANO MONTELONGO


Estas estrellas del mar que no salen con luna llena y que son venerados por los pescadores papuanos, muestran aquí, en Cenderawashi, un comportamiento anómalo, único en su especie. No hay un paraíso como éste, donde el hombre y el animal convivan y compartan el planeta en perfecta armonía. Hoy esperamos tener más suerte y volver a encontrarnos con estos espíritus marinos.


¡Larga vida a los océanos!

Gorgonia (Bahía de Cenderawashi - Pulau Pulu)/CHANO MONTELONGO






 
Manta (Bahía de Cenderawashi - Pulau Pulu)/CHANO MONTELONGO















domingo, 12 de febrero de 2012

La pacífica "devoradora de hombres" (Expedición Manokwari)


Uno de los más “tenebrosos” mitos submarinos que recorren desde siempre los fondos marinos (y sus alrededores) es el de la ostra gigante "come hombres”. Por fin, ayer mismo la encontramos en estos desconocidos arrecifes de la Bahía de Cenderawashi, en Papúa occidental… Enorme como un pequeño utilitario, con su gigantesca boca abierta, carnosa… -incluso lasciva-… y tierna, bella e inofensiva como un copo de nieve al final del invierno. La leyenda asegura que atrapaba hombres cuando éstos nadaban en su proximidad, cerrando sus poderosas valvas sobre alguna de sus piernas o brazos y provocando a su víctima una muerte agónica, por ahogamiento cuando sus pulmones se rendían… Pero no es más que eso, un mito, uno más, fruto de la imaginación y la ignorancia del ser humano o, quizá, también, se trate uno de esos miles de bulos que el ser humano ha lanzado a sabiendas en torno a una especie de interés comercial para justificar su captura a gran escala. Las tridacnas son ostras gigantes que pueden llegar a pesar 500 kilos y, por supuesto, jamás se ha comido o apresado a nadie, ya que como casi todos los gigantes, es muy lenta a la hora de reaccionar y nunca podría sorprender a un hombre, y mucho menos a un pez. Además, ni siquiera es carnívora. Ayer, María, mi compañera posó junto a ella y, lejos de abrir su enorme boca en plan amenazante, sonrió como si de otra modelo subacuática se tratara, mostrando su belleza en total plenitud. Hoy, puede hacerlo, pero no hace mucho tiempo, esta "devoradora de hombres" fue víctima indefensa del depredador humano. Su sabrosa carne y su apreciada valva (muchas acabaron convertidas en pilas bautismales en iglesias de medio mundo) cegaron a aquellos hombres que nunca han podido comprender la hermosura de tan dócil animal.

¡Larga vida a los océanos!


 
Tridacna (Papúa Occidental)


jueves, 9 de febrero de 2012

Secuestro en Papúa y nueva especie (Expedición Manokwari 2012)


Cuando hemos entrado en el poblado de la isla de Mansinam todo parecía tranquilo. Los niños nos miraban con curiosidad (y alguno hasta con miedo… a la vista de sus lloros) y los hombres con miradas serias y desafiantes…, pero con cierta amabilidad, nada que ver con hace unos días. Una semana atrás, cuando la goleta Ondina esperaba en esta agua la llegada de la Expedición Manokwari, cuatro personas –dos taiwaneses y dos singapurenses- fueron secuestradas del barco, llevadas a la isla por la fuerza y retenidas a punta de arcos y flechas hasta la llegada de los responsables de la goleta para negociar su liberación. Esta vez no hemos querido que ocurriera lo mismo y, antes que nada, nos hemos presentado en el poblado para presentarnos y pagar nuestros permisos para bucear en “sus” arrecifes. Tras el “trámite burocrático” con el cabecilla del pueblo, “Don Policía” –tal y como el mismo se nos ha presentado- estuvimos socializando con esta comunidad cristiana algo extraña… Aquí, de puertas para afuera son cristianos, pero más bien es una “tapadera” para vivir en paz en una sociedad donde el cristianismo y el islamismo compiten frenéticamente para captar adeptos, al puro estilo de las sectas más fanáticas, porque en realidad, estos indígenas en las “trastiendas” de sus humildes casas tienen levantados “inquietantes” altares papuanos donde abundan toda clase de ídolos paganos y figuras que evocan ancestrales dioses melanesios. Ellos mismos nos los enseñaron orgullosos.


Tras solicitar los pertinentes permisos nos sumergimos en “sus” arrecifes. Por la tarde exploramos un pequeño pecio sin mucha trascendencia pero, por la noche, en la inmersión nocturna tuvimos un gran encuentro. El mismo día que partíamos de España, en este mismo blog, os hablé de la pasión que sienten los científicos por la isla de Nueva Guinea y nombre, como ejemplo, las tres últimas especies encontradas aquí en este siglo: la rana arborícola, la araña saltarina y el tiburón andante…, pues hemos conseguido ver a uno de estos extraños escualos. Fue descubierto por dos miembros del equipo, Pepe Riera y Gorka Layuno, a apenas dos metros de profundidad. 

Esta especie (Raja Epaulette Shark, en inglés, y Hemiscylliium freycineti, en latín) fue descubierta en 2006 y tiene como peculiaridad que para desplazarse sobre el fondo marino no nada sino que utiliza sus cuatro cortas aletas pectorales a modote patas, como si caminara sobre el suelo. Es una especie endémica de Papúa. Encontrar este singular tiburón es tan extraño que, tras subir a las zodiacs camino de la goleta, desinfle la euforia de mis compañeros diciéndoles que no era el “andante” sino que se trataba del alitán viperino, una especie también muy rara de ver pero no tan extraordinaria. Si embargo, una vez a bordo y tras examinar mis fotos y el vídeo de Jordi Lafuente comprobamos que (afortunadamente) me había equivocado y que se realmente era un tiburón andante. Ha sido una enorme alegría para todos y un buen augurio para nuestra nueva misión: encontrar al “ballena llorón”. Mañana levamos anclas y nos internaremos en la Bahía de Cenderawashi en su busca.

¡Larga vida a los océanos!

 

Tiburón Andante














lunes, 6 de febrero de 2012

El silencio de la tragedia (Expedición Manokwari 2012)


Me gusta mecerme en el silencio de un naufragio porque, tras él, se esconde siempre un drama. Hoy, en las sucias aguas del puerto de Manokwari volvimos a recrearnos en la tragedia de épocas pasadas. En este caso, el drama se inicio bajo la línea de flotación, muy cerca de la proa. En la primera prospección que hemos realizado en este remoto rincón de Papúa occidental hemos inspeccionado los restos de un barco hundido. Por su amplia bodega, por su casco plano y los soportes de cubiertas de sus cañones ligeros, creemos que puede tratarse de una patrullera que servía para hacer trabajos de transporte de mercancías también. Un boquete de unos dos metros de diámetro en la parte baja del casco, con huellas de un impacto exterior, nos induce a pensar que fue ahí donde el buque recibió el primer torpedo lanzado por la aviación estadounidense al final de la contienda del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial. Un enorme mero del tamaño de un pequeño coche nos mostró otro gran hueco en el casco, algo más arriba, pero, en este caso, los hierros retorcidos indicaban que se había producido de dentro a afuera, probablemente al explotar algo en el interior del barco. Por los daños que muestra el pecio, el hundimiento tuvo que ser muy rápido, casi sin tiempo para que los soldados sorprendidos en el interior pudieran abandonar a tiempo la nave. La tragedia de todas las guerras. Hoy, este naufragio es un monumento a la historia, un cementerio de hierros oxidados donde reina la paz y que da cobijo a numerosos cardúmenes de jureles, peces murciélagos, peces león, etc., que viven confiados y ajenos a lo que pasó allí hace más de 70 años. Es la ley del mar, convertir en vida lo que hombre utilizó para la muerte.

¡Larga vida a los océanos!






domingo, 5 de febrero de 2012

Paz en el escenario de guerra


 Sobre los perfiles adormilados del muelle de Manokwari, los dos mástiles de la Ondina –la goleta que hemos charteado para esta expedición- nos reciben prematuramente. Es el fin de una tortuoso viaje de tres días a este remoto rincón de Papúa occidental –lleno de sobresaltos aeroportuarios- y el comienzo de la aventura- La bahía está ahora en calma, pero sólo hay que conocer un poco la historia para imaginarse, 70 años atrás, este mismo escenario lleno de fuego, humo y caos, cuando la aviación estadounidense cayó con sed de venganza sobre la flota japonesa, dejando cientos de cadáveres y naufragios bajo estas aguas hoy pacíficas. Mañana comenzará la exploración en busca de esos episodios negros que nos dejó un conflicto como el de la Segunda Guerra Mundial. La goleta no navegará muy lejos los próximos días, ya que el martes 7 por la tarde, llega a este puerto olvidado del mundo el resto de nuestro equipaje que hoy “vuela” perdido  o “despistado”por algún aeropuerto asiático.

¡Larga vida a los océanos!

miércoles, 1 de febrero de 2012

El lugar donde palpita el océano (Expedición Manokwari)

Una extraña anguila en Papúa.
Cuando este nuevo post vea la luz, los miembros de la Expedición Manokwari 2012 ya habremos iniciado nuestro largo viaje a la remota Papúa occidental. Para los que no estéis familiarizados con este lugar os diré que no hay científico en el mundo que no sueñe con la isla de Nueva Guinea, donde aún es posible encontrar rarezas nunca vistas, como ranas arborícoras, arañas saltarinas o  tiburones que caminan. Soy un incondicional seguidor de las investigaciones de Gerald Allen –que, junto al arqueólogo mexicano Guillermo de Anda, encabeza mi lista de "científicos respetados", aunque ya habrá tiempo para hablar en este blog de arqueología submarina-, quizá el ictiólogo más importante del mundo, algo que me ha llevado a seguir sus pasos en aguas tan lejanas como Christmas Island o Raja Ampat. Bueno, pues el prestigioso doctor ha calificado la bahía de Cenderawashi -objeto de nuestra expedición- como "las Galápagos de los arrecifes de Indonesia" por su enorme y peculiar biodiversidad. A mí, utilizando licencias más literarias, me gusta llamar a esta zona de Papúa "el lugar donde palpita el océano". En 2007, en una entrevista realizada en Bali, Helen Newman, responsable de la organización Conservación Internacional (CI) para esta zona de Asia, me explicó que esta región se presenta como un verdadero santuario para los científicos, aunque también hay que decir que, de igual modo, ya se teme lo peor, ya que distintas actividades humanas pueden malograr los descubrimientos y aniquilar especies que sólo serán apreciadas en un espacio corto de tiempo si no se pone el remedio adecuado a tiempo. Esto ya lo había comprobado yo mismo en 2004, cuando en una de nuestras expediciones estuvimos estudiando (también en Indonesia) una serie de fondos marinos que habían sido arrasados y destruidos totalmente por desastres naturales, como maremotos, terremotos y erupciones volcánicas. Para nuestra sorpresa, pudimos comprobar que sólo unos años después del desastre, la naturaleza se había vuelto a abrir paso con mucha más fuerza que antes de la catástrofe y todo estaba más que recuperado..., sin embargo, aquella expedición también nos llevó a hacer prospecciones en arrecifes coralinos que habían sufridos daños por acción del ser humano, más concretamente, por pesca con explosivos. 15 años después, aquello seguía desolado, nada había vuelto a crecer allí. Nuestra conclusión fue que la naturaleza es capaz de regenerarse por sí misma si el daño lo causa una fuerza natural, pero si la destrucción la origina el hombre, allí no vuelve a crecer vida jamás. Es la historia de siempre, este planeta está formado por dos clases de seres humanos: los que entienden y los que nunca han entendido nada.
¡Larga vida a los océanos!


PD. Espero que en el próximo post, ya pueda empezar a contaros cosas interesantes de nuestra expedición, dame tres días y cruzad los dedos para que el "milagro de la cobertura telefónica" se me aparezca en algún momento.
Sigue el diario de la Expedición Manokwari en www.sge.org y en facebook @RevistaInmersion





Gorgonias gigantes en el archipiélago de Banda, seis años después de una erupción volcánica.


Una bomba casera sin estallar en un arrecife de Tifore.
                                                                  

lunes, 30 de enero de 2012

Nunca hay un primero

Con motivo de la partida esta semana de la Expedición Manokwari 2012 (ver post "El ballena chupón") he concedido un par de entrevistas a compañeros de la radio y, al igual que ocurriera con otras muchas expediciones en las que he participado, siempre hay una pregunta que se repite: "¿quién llegó primero?"…, parece que desde que a Amundsen y a Scott se les ocurrió iniciar una carrera –con trágicas consecuencias, todo hay que decirlo- para ver quien llegaba antes al Polo Sur en 1912, todos los exploradores y aventureros están obligados a meterse en una especie de competición por llegar los primeros a los sitios que se proponen, sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad obsesionada con los récords donde la contienda es ley de vida. En estos últimos 12 años, en varias de las expediciones que he liderado hemos tenido la suerte o de marcar records deportivos en alguna desconocida cueva submarina, de encontrar algunos restos arqueológicos en cenotes (pozos sagrados mayas), de documentar comportamientos de especies animales desconocidas hasta ahora o de explorar arrecifes remotos de los que no se tenía referencia hasta ese momento…, pero, a pesar de que muchas de estas aventuras han tenido relevante repercusión en los medios de comunicación, en todos los casos siempre ha habido alguien que ha estado allí primero. Supongo que esto también les ha pasado a muchos de los grandes exploradores y descubridores de la Humanidad, porque una cosa es el que pasa a los anales de la Historia como el descubridor o el primero en llegar a un lugar –que suele ser el científico, el aventurero o el explorador mediático que sabe como difundir convenientemente la hazaña o el hallazgo-, y otra muy distinta el indígena o vecino local, el porteador o el guía de le expedición (o, simplemente, un viajero intrépido que recorre el mundo sólo por vocación), en definitiva, personas anónimas en todos los casos -y sin ningún poder mediático- que un día se les ocurrió llevar hasta allí–o dio las indicaciones precisas para hacerlo- a las personas que luego llevarían sobre sus hombros la "pesada carga" del ostentar el preciado título –casi siempre honorífico- de "ser el primero". Por eso, aunque no servirá para poner nada en su sitio, valgan estas líneas como homenaje a esos verdaderos héroes anónimos de los descubrimientos que nunca han visto reconocidas sus hazañas –y que muchas veces han muerto sin saber que eran tales-.


¡Larga vida a los océanos!

EXPEDICIÓN MALUKU (2007): La goleta Ondina en aguas de Halmahera (Molucas)
                                        
EXPEDICIÓN KAZAN MUKUL (2004): Expedicionarios
atravesando la selva de Cobá (Yucatán) 

EXPEDICIÓN XIBALBÁ (2011): Restos arqueológicos
mayas en cenote de Mérida (México)