domingo, 5 de febrero de 2012

Paz en el escenario de guerra


 Sobre los perfiles adormilados del muelle de Manokwari, los dos mástiles de la Ondina –la goleta que hemos charteado para esta expedición- nos reciben prematuramente. Es el fin de una tortuoso viaje de tres días a este remoto rincón de Papúa occidental –lleno de sobresaltos aeroportuarios- y el comienzo de la aventura- La bahía está ahora en calma, pero sólo hay que conocer un poco la historia para imaginarse, 70 años atrás, este mismo escenario lleno de fuego, humo y caos, cuando la aviación estadounidense cayó con sed de venganza sobre la flota japonesa, dejando cientos de cadáveres y naufragios bajo estas aguas hoy pacíficas. Mañana comenzará la exploración en busca de esos episodios negros que nos dejó un conflicto como el de la Segunda Guerra Mundial. La goleta no navegará muy lejos los próximos días, ya que el martes 7 por la tarde, llega a este puerto olvidado del mundo el resto de nuestro equipaje que hoy “vuela” perdido  o “despistado”por algún aeropuerto asiático.

¡Larga vida a los océanos!

miércoles, 1 de febrero de 2012

El lugar donde palpita el océano (Expedición Manokwari)

Una extraña anguila en Papúa.
Cuando este nuevo post vea la luz, los miembros de la Expedición Manokwari 2012 ya habremos iniciado nuestro largo viaje a la remota Papúa occidental. Para los que no estéis familiarizados con este lugar os diré que no hay científico en el mundo que no sueñe con la isla de Nueva Guinea, donde aún es posible encontrar rarezas nunca vistas, como ranas arborícoras, arañas saltarinas o  tiburones que caminan. Soy un incondicional seguidor de las investigaciones de Gerald Allen –que, junto al arqueólogo mexicano Guillermo de Anda, encabeza mi lista de "científicos respetados", aunque ya habrá tiempo para hablar en este blog de arqueología submarina-, quizá el ictiólogo más importante del mundo, algo que me ha llevado a seguir sus pasos en aguas tan lejanas como Christmas Island o Raja Ampat. Bueno, pues el prestigioso doctor ha calificado la bahía de Cenderawashi -objeto de nuestra expedición- como "las Galápagos de los arrecifes de Indonesia" por su enorme y peculiar biodiversidad. A mí, utilizando licencias más literarias, me gusta llamar a esta zona de Papúa "el lugar donde palpita el océano". En 2007, en una entrevista realizada en Bali, Helen Newman, responsable de la organización Conservación Internacional (CI) para esta zona de Asia, me explicó que esta región se presenta como un verdadero santuario para los científicos, aunque también hay que decir que, de igual modo, ya se teme lo peor, ya que distintas actividades humanas pueden malograr los descubrimientos y aniquilar especies que sólo serán apreciadas en un espacio corto de tiempo si no se pone el remedio adecuado a tiempo. Esto ya lo había comprobado yo mismo en 2004, cuando en una de nuestras expediciones estuvimos estudiando (también en Indonesia) una serie de fondos marinos que habían sido arrasados y destruidos totalmente por desastres naturales, como maremotos, terremotos y erupciones volcánicas. Para nuestra sorpresa, pudimos comprobar que sólo unos años después del desastre, la naturaleza se había vuelto a abrir paso con mucha más fuerza que antes de la catástrofe y todo estaba más que recuperado..., sin embargo, aquella expedición también nos llevó a hacer prospecciones en arrecifes coralinos que habían sufridos daños por acción del ser humano, más concretamente, por pesca con explosivos. 15 años después, aquello seguía desolado, nada había vuelto a crecer allí. Nuestra conclusión fue que la naturaleza es capaz de regenerarse por sí misma si el daño lo causa una fuerza natural, pero si la destrucción la origina el hombre, allí no vuelve a crecer vida jamás. Es la historia de siempre, este planeta está formado por dos clases de seres humanos: los que entienden y los que nunca han entendido nada.
¡Larga vida a los océanos!


PD. Espero que en el próximo post, ya pueda empezar a contaros cosas interesantes de nuestra expedición, dame tres días y cruzad los dedos para que el "milagro de la cobertura telefónica" se me aparezca en algún momento.
Sigue el diario de la Expedición Manokwari en www.sge.org y en facebook @RevistaInmersion





Gorgonias gigantes en el archipiélago de Banda, seis años después de una erupción volcánica.


Una bomba casera sin estallar en un arrecife de Tifore.
                                                                  

lunes, 30 de enero de 2012

Nunca hay un primero

Con motivo de la partida esta semana de la Expedición Manokwari 2012 (ver post "El ballena chupón") he concedido un par de entrevistas a compañeros de la radio y, al igual que ocurriera con otras muchas expediciones en las que he participado, siempre hay una pregunta que se repite: "¿quién llegó primero?"…, parece que desde que a Amundsen y a Scott se les ocurrió iniciar una carrera –con trágicas consecuencias, todo hay que decirlo- para ver quien llegaba antes al Polo Sur en 1912, todos los exploradores y aventureros están obligados a meterse en una especie de competición por llegar los primeros a los sitios que se proponen, sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad obsesionada con los récords donde la contienda es ley de vida. En estos últimos 12 años, en varias de las expediciones que he liderado hemos tenido la suerte o de marcar records deportivos en alguna desconocida cueva submarina, de encontrar algunos restos arqueológicos en cenotes (pozos sagrados mayas), de documentar comportamientos de especies animales desconocidas hasta ahora o de explorar arrecifes remotos de los que no se tenía referencia hasta ese momento…, pero, a pesar de que muchas de estas aventuras han tenido relevante repercusión en los medios de comunicación, en todos los casos siempre ha habido alguien que ha estado allí primero. Supongo que esto también les ha pasado a muchos de los grandes exploradores y descubridores de la Humanidad, porque una cosa es el que pasa a los anales de la Historia como el descubridor o el primero en llegar a un lugar –que suele ser el científico, el aventurero o el explorador mediático que sabe como difundir convenientemente la hazaña o el hallazgo-, y otra muy distinta el indígena o vecino local, el porteador o el guía de le expedición (o, simplemente, un viajero intrépido que recorre el mundo sólo por vocación), en definitiva, personas anónimas en todos los casos -y sin ningún poder mediático- que un día se les ocurrió llevar hasta allí–o dio las indicaciones precisas para hacerlo- a las personas que luego llevarían sobre sus hombros la "pesada carga" del ostentar el preciado título –casi siempre honorífico- de "ser el primero". Por eso, aunque no servirá para poner nada en su sitio, valgan estas líneas como homenaje a esos verdaderos héroes anónimos de los descubrimientos que nunca han visto reconocidas sus hazañas –y que muchas veces han muerto sin saber que eran tales-.


¡Larga vida a los océanos!

EXPEDICIÓN MALUKU (2007): La goleta Ondina en aguas de Halmahera (Molucas)
                                        
EXPEDICIÓN KAZAN MUKUL (2004): Expedicionarios
atravesando la selva de Cobá (Yucatán) 

EXPEDICIÓN XIBALBÁ (2011): Restos arqueológicos
mayas en cenote de Mérida (México) 

miércoles, 25 de enero de 2012

El Ballena "Chupón" (el ángel que subió del abismo)

La primera vez que oí hablar del "ballena chupón" pensé que se trataba de una broma. He visto y fotografiado al tiburón ballena en diferentes lugares del mundo: en Baja California, donde le llaman "sapo" por su enorme boca; en el Caribe mexicano, bautizado como "dominó" por esos lunares blancos tan característicos de su piel; y en Mozambique -que allí no sé de que otra forma le llaman- y nunca me lo había imaginado lamiendo o chupando nada, pero cuando cayeron en mis manos los primeros informes ambientales de los doctores Gerald Allen y Mark Erdmann hablando de una colonia de estos animales que interactuaban con la población local de Papúa Occidental y que "chupaban" literalmente las redes de pesca y comían ¡peces! (y no plácton) de la mano de los pescadores indígenas, comenzé a hacer los preparativos para organizar una expedición a la remota Bahía de Cenderawashi. Los problemas logísticos y la dificultad para encontrar una infraestructura adecuada para nuestro trabajo ha hecho que hayan pasado ya seis años, pero como, al final, todo llega, esta semana partirá, por fin, la Expedición Manokwari 2012 en la que tengo puesta muchas espectativas, no sólo porque seremos testigos de un nuevo y extraordinario episodio de la Naturaleza -sólo reservado a unos pocos privilegiados- sino porque estoy convencido de que este fenómeno de la biodiversidad tiene sus raíces en la antropología misma, ya que los papuanos han condicionado el comportamiento de este gentil gigante de los océanos por motivos espiruales/religiosos/superticiosos: los indígenas ven en la presencia del pez más grande del mundo -puede llegar a alcanzar los 18 m- un signo de buena suerte enviado por sus dioses melanesios -muchos de ellos vinculados a la fuerza de la Naturaleza-, una especie de "maná", una fuerza sobrenatural o un "ángel", que les protegerá y dará prosperidad a sus labores de pesca.
Si los medios técnicos lo permiten, a lo largo de esas dos semanas -del 3 al 18 de febrero- intentaré crear un diario de la expedición que podrá seguirse a través de la web de la Sociedad Geográfica Española (www.sge.org) y del perfil de facebook de la revista Inmersión (www.facebook.com/RevistaInmersion) y de este mismo blog que hoy mismo he inaugurado y que espero, si los lectores quieren, dure mucho tiempo.
Desde hace muchos años siempre finalizo mis artículos (y, sobre todo, las introducciones de mis libros) con la arenga "¡Larga vida a los océanos!" -toda una declaración de intenciones-. Sin embargo, como ésto no es el final de nada, sino el comienzo de una nueva aventura, prefiero acabar con una expresión cuyo origen se remonta a las caravanas de esclavos que cruzaban el norte de África en el siglo XV y que entonces se utilizaba siempre antes de iniciar una expedición para pedir buenos augurios: ¡Haya Safari!