domingo, 1 de abril de 2012

Expedición Manokwari 2012 en Magazine de ELMUNDO

Este fin de semana, la revista dominical Magazine del periódico EL MUNDO ha publicado un amplio reportaje sobre la Expedición Manokwari 2012.
El artículo, además de mostrar espectaculares fotos de los tiburones ballena de Cenderawashi (Papúa occidental, Indonesia), explica por qué en las últimas fechas esta colonia del pez más grande que existe ha revolucionado a la comunidad científica internacional.

El reportaje se puede descargar PINCHANDO en la imagen:





¡Larga vida a los océanos!

viernes, 30 de marzo de 2012

Cameron no estaba sólo allí abajo



¡Que no se alarme nadie! que no voy –ni pretendo- rebatir el espléndido récord que el cineasta James Cameron batió esta semana al hacer una inmersión en solitario en la mismísima Fosa de las Marianas. Sin duda era el único ser humano ahí abajo..., pero no el único ser vivo. Apenas nos han dejado ver aún –lógicamente- las imágenes que captaron las sofisticadas cámaras del Deepsea Callenguer –el juguetito de última generación que nos gustaría tener a más de uno-, pero en círculos científicos y periodísticos ya se especula que se ha traído “del otro mundo” una
información excepcional que no tardaremos en ver –y que no tardarán en rentabilizar, por supuesto…, se han gastado una fortuna en el proyecto-. Cameron ha contado ya lo que vio: “un mundo remoto, extraño y solitario”, pero no lo que sintió, porque si hay una sensación que tenemos todos los submarinistas cuando irrumpimos en ese mundo acuático es que nos observan miles de ojos –es lo que nosotros llamamos critters-. Aunque no veamos nada a primera vista, siempre hay algo que nos acecha, que se esconde, que se oculta por ley de vida, pero que no pierde ni un detalle de lo que pasa en su silencioso mundo.
De todo –y lo poco- que dijo Cameron tras su hazaña yo me quedo con la frase: “Si hay una frontera en el siglo XXI donde haya algo no visto o no tocado por el hombre, está en los fondos marinos”. Pero, ni siquiera hay que irse tan profundo –a 11.000 metros- para averiguar esto. El hombre, que ya ha puesto el pie en la luna y explorado algo del espacio exterior, sólo conoce poco más del 1% de nuestros océanos, el resto está inexplorado, es desconocido para nosotros. Probablemente, a muchos no les diga nada esto, pero a otros pocos, el saber que hay aún millones de lugares donde el hombre no ha estado nunca, les pone mucho. Yo lo confieso, soy uno
de ellos. Gracias a mi trabajo, en estos últimos años he conseguido llegar a algunos de esos lugares vírgenes, donde nunca nadie ha estado antes… y no siempre había bichos nuevos que catalogar, en algunos, ni siquiera había rastro de vida animal, pero siempre, siempre, la sensación de que algo inesperado podía pasar o presentarse en cualquier momento estaba presente y justificaba cualquier esfuerzo.
Abajo, en el fondo del mar, el observador siempre tiene la impresión de ser observado y, aunque Cameron no lo ha dicho, él también, seguro, seguro, que tuvo esa sensación, aunque allí, tan abajo, en las insondables profundidades abisales, sí que es difícil que te miren, pues las criaturas abisopelágicas que allí habitan, aunque tienen ojos, son ciegas debido a la oscuridad total que lo invade todo. Allí todo tiene una curiosa
apariencia monstruosa, estos critters tienen huesos bajos en calcio y poco desarrollados y sus cuerpos están llenos de líquido para poder soportar el peso de la columna de agua que tienen sobre ellos (así mantienen igualadas las presiones externas e internas) y, para sobrevivir a la falta de alimento, presentan interesantísimos cambios evolutivos: grandes bocas, dientes desproporcionados, estómagos deformables, órganos bioluminiscentes…, ¡buff!, ya me estoy imaginando las imágenes que las cámaras 3D del Deepsea Challenguer captaron en esta primera inmersión…, porque habrá más, seguro. Con Cameron, ha caído una de las últimas fronteras inexploradas de nuestro planeta y pronto caerán más mitos…, quien sabe, incluso la del misterioso kraken. Estaremos atentos.

¡Larga vida a los océanos!

PD: Espero que os gusten las fotos de mis critters "particulares" con los que he ilustrado el post.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Que ver antes de morir...feliz



Tiburón ballena y modelo en Cenderawashi/CHANO MONTELONGO

"He sentido tanta paz ahí abajo, que si ahora, en la cubierta del barco, me sobreviene repentinamente la muerte, moriría feliz". Esta frase -que bien podrían haber sido pronunciada hace unos días por el cineasta James Cameron tras bajar a la Fosa de las Marianas a 11.000 m. de profundidad- fue un pensamiento espontáneo en voz alta que María, mi compañera de inmersiones y modelo subacuática, dijo tras estar más de una hora posando con cinco inmensos tiburones ballena que se turnaron para no dejarla sola ni un instante.
Con 20 años ya buceando en todo el planeta, las experiencias vividas bajo el agua puedo contarlas por cientos, pero lo de esta inmersión tan especial necesita un capítulo aparte: Fotógrafo y modelo solos, inertes, sin apenas aletear ni moverse, flotando a escasos metros de profundidad en un agua transparente y bajo un sol resplandeciente que más que colgado, parecía flotar en la superficie, lanzándonos haces de luz que nos envolvían -a seres humanos y animales- en un aúrea brillante que apenas dejaba enfocar mi cámara, difuminando los contornos y bañandolo todo con unos colores vivos que convertían las escenas en verdaderas viñetas de cómic.
Este vídeo -aunque no fue filmado exactamente en esta inmersión- muestra muy bien lo que pudimos vivir ahí abajo:


Las imágenes de la película son mías, pero el mérito es del montador del vídeo, Edu J. Llanos, buen amigo y trabajador de Antena 3 TV. Y si comparais este vídeo con el que está colgado en el post anterior ("Los tiburones vuelven a casa") podreis asistir a lo que sería un magistral clase de Lenguaje Audivisual. Con las mismas imágenes, estos dos profesionales de la edición de vídeo -el otro es David Montelongo, director de Salitre Producciones- han hecho dos trabajos excepcionales que muestran visiones completamente opuestas de la misma inmersión. Mientras en el vídeo "En el Santuario de los Tiburones Estrella" el resultado es más épico, más aventurero y con más derroche de adrenalina..., cortando secuencias bruscamente y dándole más ritmo a la acción (y donde uno parece no poder respirar hasta el final), en éste último vídeo, más relajante, profundo y onírico, las secuencias mueren por sí solas dejándose llevar por una música embelesadora...(aquí tampoco se respira..., porque es casi un expiración profunda). Es una vivencia para justo antes de morir...feliz.
El periodista Chano Montelongo durante la filmación del vídeo
"En el Santuario del Tiburón Estrella"/FOTO: PACO PARRA


¡Larga vida a los océnos!




domingo, 25 de marzo de 2012

Los tiburones vuelven a casa


Los tiburones y los hombres, siempre juntos y en la misma dirección, por favor./CHANO MONTELONGO

Entendemos como santuario un lugar sagrado, seguro y protector. Los creyentes cuando pisan uno de estos lugares de veneración se sienten conectados espiritualmente al ente que lo habita, lo llena y lo justifica y, casi siempre, esa energía que lo envuelve todo hace que agachemos nuestras cabezas en señal de respeto a algo o a alguien que está por encima de nosotros mismos. Pero es una cuestión de fé, por lo que no todo el mundo percibe lo mismo cuando irrumpe en ellos.
Hace apenas un mes y medio que he vuelto de Papúa occidental, de la bahía de Cenderawashi, y aún tengo la sensación de haber estado en uno de estos santuarios donde la naturaleza es la única fuerza vital, sin santos, ni dioses, ni imágenes divinas en sus paredes, sólo la vida en estado salvaje. Allí, a 12 millas de ninguna parte, en medio del mar, los gurango bingtan (tiburones estrella en indonesio), como los llaman los indígenas, han encontrado su santuario particular, un lugar donde el hombre les venera y no les persigue para arrancarles sus aletas. Por ello se han convertido en la primera colonia de tiburones ballena estable del mundo (dato aún sin confirmar por la comunidad científica). Ya no peregrinarán más por los océanos del planeta ¿para qué? Aquí se sienten protegidos. Ya están en casa.
No suelo filmar vídeo. Me dedico exclusivamente a la fotografía naturalista, pero en esta expedición no pude evitar filmar el encuentro que tuvimos con estas criaturas del mar. Después de que las imágenes hayan sido tocadas con la varita mágica de mi hermano David, un gran profesional de la edición de vídeo, éste es el resultado. Recomiendo verlo en pantalla completa y con el volumen a tope. Disfrutad y no intentéis relajaros, porque no lo conseguiréis. A muchos se os pondrán los pelos de punta:


Pincha en la foto para ver el vídeo/CHANO MONTELONGO
Este vídeo muestra la naturaleza en su estado más extraordinario. Muestra al pez más grande del mundo y a una de las criaturas más desconocidas del planeta que está en riesgo de desaparición a manos de su único depredador, el hombre. Aunque tengamos fé en la Naturaleza, habrá que echarle una mano para que pueda proteger con garantías a todas sus criaturas. Arrimemos todos el hombro en esta misión, por favor. 

¡Larga vida a los océanos!

viernes, 23 de marzo de 2012

La Expedición Manokwari 2012 en TV



Cuatro componentes de la Expedición Manokwari 2012
observan a un tiburón ballena/CHANO MONTELONGO

Esta semana, un programa de la TVE en Canarias ha emitido un reportaje sobre nuestra última expedición en aguas de Papúa Occidental, en febrero pasado, donde habita la única población estable de tiburón ballena del mundo.

Si queréis ver el reportaje, con imágenes submarinas de mi compañero Jordi Lafuente, podéis encontrarlo en www.youtube.com/user/vampirito/videos

Os dejo, además, un par de fotos más de los extraordinarios tiburones ballena de Nabire.

Cinco tiburones ballena en Cenderawashi/CHANO MONTELONGO



¡Larga vida a los océanos!

lunes, 19 de marzo de 2012

Dakuwaga, el Dios Tiburón

Fue en la isla de Pantar donde encontré a Daggon, subiendo al volcán Gunnung Sirung durante un día de descanso en una expedición al Estrecho de Alor. Escuálido, de piel muy morena, arrugada y ajusticiada por el sol, de pelo canoso y de una mirada tan produnda e insondable como el mar. Fue en el camino cuando nos cruzamos y, al ver los trazos sobre mi brazo, los señaló y dijo: "cabeza de pájaro, cola de ballena y aletas de tiburón". Había reconocido a Tangaroa, el protector de los océanos en la mitología polinésica. Tras conseguir que me detuviera, me dio la espalda y se aproximó al borde del camino, mirando al mar, y se puso de cuclillas mientras clavaba en el suelo el machete-lanza que portaba y, sin mirarme, empezó a hablarme:

Tiburón limón en aguas del Caribe/CHANO MONTELONGO

Dicen que Dakuwaga solía afilar sus dientes contra las rocas del arrecife produciendo un inquietante sonido que no dejaba dormir a los habitante de la isla de Vanua Levu. Dakuwaga era un monstruo marino, mitad dios, mitad pez, guardián de los arrecifes del archipiélago, una bestia valiente, fuerte y muy orgullosa que acostumbraba a adoptar la forma de un tiburón para enfrentarse al resto de guardianes del mar.
Un día, mientras nadaba entre los arrecifes de la isla de Bega, Dakuwaga encontró a un viejo amigo, otro tiburón sagrado llamado Masilaca, para el que corrían malos tiempos..., se decía que había sido derrotado y humillado por un ser monstruoso que le disputaba el territorio. Masilaca, con la voz aún entrecortada por el miedo, le habló de la fuerza sobrenatural del guardián de la isla de Kadavu y le pidió ayuda para vencerlo.

Tiburón tigre en Christmas (Australia)/CHANO MONTELONGO
Sin pensarlo, el orgulloso y engreído guardián de los arrecifes se dirigió hasta los dominios de este misterioso ser. Le buscó entre los corales, dentro de las cavernas, en los veriles del fondo marino y no le halló..., pero, cuando se disponía a volver oyó alboroto no muy lejos de aquellas aguas y se acercó a ver lo que sucedía. Allí, entre las paredes del arrecife se vio sorprendido por la monstruosa visión de la bestia que habitaba la costa de Kadavu, era un deforme pulpo gigante, que adoptaba aformas y terroríficas figuras y que destrozaba los corales con sus poderosos y gruesos tentánculos.

Ojo de pulpo (Gozo-Malta)/
CHANO MONTELONGO

Cuando la bestia vio a Dakuwaga se abalanzó contra él y el dios tiburón intentó esquivar la acometida con su legendaria velocidad, pero los tentáculos del monstruo fueron más rápidos y le atenazaron. La presión que ejercía sus abobinables apéndices no le dejaban respirar y, mucho menos, moverse. Sin posibilidad de defensa, asfixiado y a punto de perecer, Dakuwaga solicitó clemencia por su vida.
El pulpo le miró con su único ojo y le preguntó que le ofrecía por su vida. El guardián tiburón le dijo que si le perdonaba, jamás haría daño a la gente de Kadavu y que nunca podría en duda su legitimidad sobre estas costas de la isla. La bestia le liberó y Dakuwana cumplió su promesa.
Desde ese día, los habitantes de la isla de Kadavu no temen a los tiburones y no comen tiburón, ni pulpo, por respeto a sus dioses marinos. Incluso, hoy día, algunos pescadores de este lugar siguen celebrando un ritual en su honor, vertiendo un cuenco de yagona en el mar antes de salir a faenar.

Raggie Shark Tooth (Sudafrica)/CHANO MONTELONGO
Daggon acabó su relato y se incorporó. Seguía sin mirarme. Luego se aproximó a mí, puso su mano sobre el tiki de Tangaroa, en mi brazo, y me susurró al oído unas enigmáticas palabras que, en ese momento, carecieron de sentido para mí. Sin desperdirse, se dio media vuelta y desapareció camino abajo canturreando algo. Tres años después comenzé a comprender parte de aquello que me dijo, pero eso es otra historia...



¡Larga vida a los océanos!

Dos tiburones tigre en aguas de Bahama/CHANO MONTELONGO

miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Se lo comen todo!



Las mantas se ayudan de estas protuberancias para arrastrar el placton
a la boca (Jángamo. Mozambique)/CHANO MONTELONGO 

Si alguien alguna vez tiene la oportunidad de ver con detenimiento como se alimenta una manta, seguramente le sorprenderá la delicadeza que emplea para hacerlo, como mueve con maestría y suavidad esas protuberancias (que algunos llaman "cuernos") que tienen a ambos lados de la boca y que les sirven para arrastrar la comida hacia el interior de la misma. Ese elegante refinamiento sutil -es como comer con los dedos pero con pulcritud, sin mancharse apenas- contrasta con la de otros grandes depredadores del mar (ahora se me viene a la mente el recuerdo del frenesí que se produce cuando come un gran tiburón, uno de las situaciones más peligrosas que nos podemos encontrar bajo el mar), no en vano estamos ante el pez con el cerebro más grande del planeta, en proporción con su tamaño.
En mi clasificación personal, tengo a este extraño pez, con forma de platillo volante y que vuela de forma majestuosa como un águila, entre los "animales asombrosos", ya que es uno de los habitantes más misteriosos del océano y del que se desconoce casi todo. Para los buceadores, las mantas son amigas -al contrario de lo que suele pensar la población ajena al mundo del mar que aún creen, equivocadamente, que tienen un aguijón venenoso y mortal como las rayas- con los que compartir increíbles inmersiones en las estaciones de limpieza (el lugar a donde acuden diariamente para ser desparasitadas por pequeños peces), pero para otras muchas personas no suponen más que un fructífero negocio..., algo que no estaría mal si no se tratara de una especie cuya existencia está comprometida..., pero se sabe tampoco de ella que ni siquiera es posible conocer si está en peligro de extinción o no. El último informe (de febrero pasado) de las organizaciones WildAid y Shark Savers así lo asegura.
Mercado de Manado/
CHANO MONTELONGO
Hace apenas un mes, me interné en el angustioso Mercado de Manado (Indonesia) donde vi escenas poco aptas para reproducir. Fui en busca de los famosos puestos de comida rápida donde te cocinan en directo murciélago, serpiente o perro (a la brasa... y bien chamuscaditos). Pero lo peor fue atravesar la lonja de pescado. Los puestos estaban llenos de todo tipo de pescados, desde pequeños peces tropicales como las damiselas y cirujanos, hasta grandes meros y barracudas. Los pasillos estaban sucios, encharcados y hasta embarrados (fue una equivocación ir con las chanclas) y me sorprendió como los vendedores utilizaban la misma agua del suelo para refrescar el pescado y espantar a las moscas y alguna rata que vi caminar sobre el producto. Entre tanto caos y confusión y olores indescriptibles observé, sobre una de las mesas de la zona más oscura y apartada, una serie de piezas de pescados que, a primera vista, no eran reconocibles. Se trataba de los arcos branquiales de grandes mantas. No soy nada escrupuloso ni remilgado -y menos cuando trabajo- pero debo de reconocer que se me revolvieron las tripas.
Detalle de las branquias. Picos (Golfo de México)/
CHANO MONTELONGO
Al parecer, esos filamentos que utilizan estos peces para filtrar y separar el placton del agua -y que tantas veces, los buceadores nos hemos quedado anonadados observándolos detenidamente- tienen milagrosas propiedades curativas, según la medicina tradicional china. En realidad no es verdad y lo demuestra el que durante muchos tiempo su utilización fue abandonada incluso por los chinos, pero, ahora, los comerciantes asiáticos han vuelto a ponerlo de moda bajo la creencia de que curan enfermedades como el cáncer o son recomendables para tratar la varicela. Y el consumo de los arcos branquiales ha vuelto a resurgir en el mercado asiático, tanto que WildAid y Shark Savers han disparado las alarmas asegurando que el crecimiento de la demanada ha sido devastador para la población de mantas. Indonesia, Sri Lanka, el Este de Africa y Perú son las zonas de mayor captura de este animal y la ciudad de Guangzhou (en el sur de China) se ha convertido en el centro neurálgico de este comercio. Allí, los arcos branquiales se venden a 350 euros el kilo. Las branquias se hierven en agua y se consume como una sopa, que dicen que sabe a rayos, pero ya conocemos la voracidad de nuestros vecinos asiáticos ¡que se lo comen todo!
No es la primera vez que esta especie se ve amenzada por su principal depredador: el hombre. En los años 90, la población de mantas fue diezmada en las costas de Filipinas, Argentina, California y Golfo de México, donde las cazaban con arpón porque su carne era muy apreciada por su sabor (además del uso que se sacaba del aceite extraído de su hígado), pero salieron adelante y superaron la crisis. Ahora, una nueva amenaza: la sopa de branquias.
Manta en German Channel (Palau)/
CHANO MONTELONGO
La manta gigante (Manta birostris) es una especie muy sensible a este tipo de mercado, ya que es un animal que se reproduce muy poco. En sus 50 años de vida, las hembras pueden parir sólo una media docena de veces y, de cada vez, pueden nacer dos o tres crías, como mucho. Estos datos no están contrastados del todo por el mundo científico, ya que de las mantas se desconocen casi todo: cuanto dura exactamete su periodo de gestación (que oscila entre 9 y 12 meses), donde y cuando paren (se cree que en zonas a poca profundidad), cuantas especies hay (se han determinado dos -la gigante, que es migratoria, y la alfrendi, que habita siempre en el mismo arrecife- pero se cre que hay una tercera que vive en el Caribe)... Muchas preguntas aún sin respuesta para una especie animal que parece que ya está en peligro de extinción, que no tiene ninguna protección internacional y que cuenta con el handicap de que no existe concienciación por parte de la opinión pública sobre su problema..., por todo esto, las organizaciones ambientales creen que su final es ya irremediable... y que es una lucha que, quizá, ya hayamos perdido.
Yo no lo creo así y, por ello y más que nunca, me quedo con el gusto de compartir mis recuerdos personales... jugando con las mantas de Palau (Micronesia) mientras hacían rizos en el azul para alimentarse y estimularse con nuestras burbujas, con el trío que nos sorprendió en Gunnunapi, en el Mar de Banda (Indonesia) en pleno cortejo nupcial, con las de los arrecifes de Jángamo (Mozambique) habituales de las estaciones de limpieza donde se desparasitaban, o las curiosas y solitarias que se acercaron a nosotros en Picos (Golfo de México) o en la Bahía de Cenderawashi (Papúa occidental)..., estampas de la naturaleza más salvaje en plenitud.

¡Larga vida a los océanos!

Manta en aguas de la isla de Gunnunapi, en el Mar
de Banda (Indonesia)/CHANO MONTELONGO