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lunes, 30 de enero de 2012

Nunca hay un primero

Con motivo de la partida esta semana de la Expedición Manokwari 2012 (ver post "El ballena chupón") he concedido un par de entrevistas a compañeros de la radio y, al igual que ocurriera con otras muchas expediciones en las que he participado, siempre hay una pregunta que se repite: "¿quién llegó primero?"…, parece que desde que a Amundsen y a Scott se les ocurrió iniciar una carrera –con trágicas consecuencias, todo hay que decirlo- para ver quien llegaba antes al Polo Sur en 1912, todos los exploradores y aventureros están obligados a meterse en una especie de competición por llegar los primeros a los sitios que se proponen, sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad obsesionada con los récords donde la contienda es ley de vida. En estos últimos 12 años, en varias de las expediciones que he liderado hemos tenido la suerte o de marcar records deportivos en alguna desconocida cueva submarina, de encontrar algunos restos arqueológicos en cenotes (pozos sagrados mayas), de documentar comportamientos de especies animales desconocidas hasta ahora o de explorar arrecifes remotos de los que no se tenía referencia hasta ese momento…, pero, a pesar de que muchas de estas aventuras han tenido relevante repercusión en los medios de comunicación, en todos los casos siempre ha habido alguien que ha estado allí primero. Supongo que esto también les ha pasado a muchos de los grandes exploradores y descubridores de la Humanidad, porque una cosa es el que pasa a los anales de la Historia como el descubridor o el primero en llegar a un lugar –que suele ser el científico, el aventurero o el explorador mediático que sabe como difundir convenientemente la hazaña o el hallazgo-, y otra muy distinta el indígena o vecino local, el porteador o el guía de le expedición (o, simplemente, un viajero intrépido que recorre el mundo sólo por vocación), en definitiva, personas anónimas en todos los casos -y sin ningún poder mediático- que un día se les ocurrió llevar hasta allí–o dio las indicaciones precisas para hacerlo- a las personas que luego llevarían sobre sus hombros la "pesada carga" del ostentar el preciado título –casi siempre honorífico- de "ser el primero". Por eso, aunque no servirá para poner nada en su sitio, valgan estas líneas como homenaje a esos verdaderos héroes anónimos de los descubrimientos que nunca han visto reconocidas sus hazañas –y que muchas veces han muerto sin saber que eran tales-.


¡Larga vida a los océanos!

EXPEDICIÓN MALUKU (2007): La goleta Ondina en aguas de Halmahera (Molucas)
                                        
EXPEDICIÓN KAZAN MUKUL (2004): Expedicionarios
atravesando la selva de Cobá (Yucatán) 

EXPEDICIÓN XIBALBÁ (2011): Restos arqueológicos
mayas en cenote de Mérida (México)