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viernes, 30 de marzo de 2012

Cameron no estaba sólo allí abajo



¡Que no se alarme nadie! que no voy –ni pretendo- rebatir el espléndido récord que el cineasta James Cameron batió esta semana al hacer una inmersión en solitario en la mismísima Fosa de las Marianas. Sin duda era el único ser humano ahí abajo..., pero no el único ser vivo. Apenas nos han dejado ver aún –lógicamente- las imágenes que captaron las sofisticadas cámaras del Deepsea Callenguer –el juguetito de última generación que nos gustaría tener a más de uno-, pero en círculos científicos y periodísticos ya se especula que se ha traído “del otro mundo” una
información excepcional que no tardaremos en ver –y que no tardarán en rentabilizar, por supuesto…, se han gastado una fortuna en el proyecto-. Cameron ha contado ya lo que vio: “un mundo remoto, extraño y solitario”, pero no lo que sintió, porque si hay una sensación que tenemos todos los submarinistas cuando irrumpimos en ese mundo acuático es que nos observan miles de ojos –es lo que nosotros llamamos critters-. Aunque no veamos nada a primera vista, siempre hay algo que nos acecha, que se esconde, que se oculta por ley de vida, pero que no pierde ni un detalle de lo que pasa en su silencioso mundo.
De todo –y lo poco- que dijo Cameron tras su hazaña yo me quedo con la frase: “Si hay una frontera en el siglo XXI donde haya algo no visto o no tocado por el hombre, está en los fondos marinos”. Pero, ni siquiera hay que irse tan profundo –a 11.000 metros- para averiguar esto. El hombre, que ya ha puesto el pie en la luna y explorado algo del espacio exterior, sólo conoce poco más del 1% de nuestros océanos, el resto está inexplorado, es desconocido para nosotros. Probablemente, a muchos no les diga nada esto, pero a otros pocos, el saber que hay aún millones de lugares donde el hombre no ha estado nunca, les pone mucho. Yo lo confieso, soy uno
de ellos. Gracias a mi trabajo, en estos últimos años he conseguido llegar a algunos de esos lugares vírgenes, donde nunca nadie ha estado antes… y no siempre había bichos nuevos que catalogar, en algunos, ni siquiera había rastro de vida animal, pero siempre, siempre, la sensación de que algo inesperado podía pasar o presentarse en cualquier momento estaba presente y justificaba cualquier esfuerzo.
Abajo, en el fondo del mar, el observador siempre tiene la impresión de ser observado y, aunque Cameron no lo ha dicho, él también, seguro, seguro, que tuvo esa sensación, aunque allí, tan abajo, en las insondables profundidades abisales, sí que es difícil que te miren, pues las criaturas abisopelágicas que allí habitan, aunque tienen ojos, son ciegas debido a la oscuridad total que lo invade todo. Allí todo tiene una curiosa
apariencia monstruosa, estos critters tienen huesos bajos en calcio y poco desarrollados y sus cuerpos están llenos de líquido para poder soportar el peso de la columna de agua que tienen sobre ellos (así mantienen igualadas las presiones externas e internas) y, para sobrevivir a la falta de alimento, presentan interesantísimos cambios evolutivos: grandes bocas, dientes desproporcionados, estómagos deformables, órganos bioluminiscentes…, ¡buff!, ya me estoy imaginando las imágenes que las cámaras 3D del Deepsea Challenguer captaron en esta primera inmersión…, porque habrá más, seguro. Con Cameron, ha caído una de las últimas fronteras inexploradas de nuestro planeta y pronto caerán más mitos…, quien sabe, incluso la del misterioso kraken. Estaremos atentos.

¡Larga vida a los océanos!

PD: Espero que os gusten las fotos de mis critters "particulares" con los que he ilustrado el post.