Sígueme por email

domingo, 25 de marzo de 2012

Los tiburones vuelven a casa


Los tiburones y los hombres, siempre juntos y en la misma dirección, por favor./CHANO MONTELONGO

Entendemos como santuario un lugar sagrado, seguro y protector. Los creyentes cuando pisan uno de estos lugares de veneración se sienten conectados espiritualmente al ente que lo habita, lo llena y lo justifica y, casi siempre, esa energía que lo envuelve todo hace que agachemos nuestras cabezas en señal de respeto a algo o a alguien que está por encima de nosotros mismos. Pero es una cuestión de fé, por lo que no todo el mundo percibe lo mismo cuando irrumpe en ellos.
Hace apenas un mes y medio que he vuelto de Papúa occidental, de la bahía de Cenderawashi, y aún tengo la sensación de haber estado en uno de estos santuarios donde la naturaleza es la única fuerza vital, sin santos, ni dioses, ni imágenes divinas en sus paredes, sólo la vida en estado salvaje. Allí, a 12 millas de ninguna parte, en medio del mar, los gurango bingtan (tiburones estrella en indonesio), como los llaman los indígenas, han encontrado su santuario particular, un lugar donde el hombre les venera y no les persigue para arrancarles sus aletas. Por ello se han convertido en la primera colonia de tiburones ballena estable del mundo (dato aún sin confirmar por la comunidad científica). Ya no peregrinarán más por los océanos del planeta ¿para qué? Aquí se sienten protegidos. Ya están en casa.
No suelo filmar vídeo. Me dedico exclusivamente a la fotografía naturalista, pero en esta expedición no pude evitar filmar el encuentro que tuvimos con estas criaturas del mar. Después de que las imágenes hayan sido tocadas con la varita mágica de mi hermano David, un gran profesional de la edición de vídeo, éste es el resultado. Recomiendo verlo en pantalla completa y con el volumen a tope. Disfrutad y no intentéis relajaros, porque no lo conseguiréis. A muchos se os pondrán los pelos de punta:


Pincha en la foto para ver el vídeo/CHANO MONTELONGO
Este vídeo muestra la naturaleza en su estado más extraordinario. Muestra al pez más grande del mundo y a una de las criaturas más desconocidas del planeta que está en riesgo de desaparición a manos de su único depredador, el hombre. Aunque tengamos fé en la Naturaleza, habrá que echarle una mano para que pueda proteger con garantías a todas sus criaturas. Arrimemos todos el hombro en esta misión, por favor. 

¡Larga vida a los océanos!