El Museo Americano de Historia Natural ha hecho público un sorprendente vídeo sobre la interacción de las especies. Es un montaje fotográfico que muestra a un grupo de delfines "nariz de botella" jugando con ballenas yubartas en aguas de Hawai, concretamente en las islas Naui y Kauai.
Las fotos podrían ser malinterpretadas si no van a compañadas de una explicación, ya que el divertido juego al que se someten los delfines podría parecer, incluso, un ataque o un maltrato por parte de las yubartas. Sin embargo, no es más que un divertimento en el que los delfines se colocan en el enorme morro de las ballenas y dejan que éstas les lanzen por los aires para caer al agua unos metros más allás, tras hacer unas piruetas. Éste es un comportamiento nuevo y muy extraño, al que los científicos aún no han podido dar una explicación, entre otras cosas porque la interacción en la naturaleza entre diferentes especies es algo realmente extraordinario, muy raro y poco común, incluso entre mamíferos, como en este caso ocurre entre los delfines y las yubartas.
Sin embargo, algo "parecido" hemos podido comprobar en la Expedición Manokwari en la Bahía de Cenderaweshi (Papúa occidental)..., con la peculiaridad de que, en este caso, fuimos testigos de la interactividad entre peces (tiburones ballena) y mamíferos (hombres), algo que aún es menos habitual. Entre las bagans de los pescadores locales, mientras algunos tiburones ballena comían en superficie de la mano de los papuanos, los más pequeños permanecían a pocos metros de profundidad esperando su turno (pensamos que se debía a un tema de jerarquía entre ellos) y se entretenían nadando lentamente entre los buceadores, con una curiosidad casi humana y que pocas veces he visto entre otros peces (los mamíferos son una excepción).


Pero, lo más extraordinario que pude comprobar en esos días de inmersiones con ellos (y que si puedo contar), fue la "historia de amor" -efímera, pero intensa- entre una pequeña hembra de tiburón ballena y nuestro compañero Gorka. Ocurrió en superficie, ella se aproximó al buceador, sacó su cabeza (y su boca, que casi es la misma cosa) del agua y la aproximó lentamente a la cabeza de Gorka que respondió regalándole un largo beso en todo el morro (tal y como podreis comprobar en las fotos que acompañan este post), al que la tiburona no rehuyó en abusoluto, hecho que demuestra un nuevo caso de interrelación entre especies y que las tiburonas ballena tienen muy mal gusto (Gorka, con esa barba de naúfrago, es, sin duda, el menos agraciados de los componentes de la expedición) o, por lo menos, otro gusto diferente al nuestro ;-)
¡Larga vida a los océanos!