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martes, 17 de abril de 2012

CAMBIO DE UBICACIÓN

Este blog ha cambiado de ubicación. La nueva direccción ahora es:

www.enbuscadelkraken.com

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martes, 10 de abril de 2012

El monstruo de Stronsay

El lunes pasado, dos tiburones peregrinos fueron noticia en todos los periódicos y radios nacionales (la tele como no tenía imágenes no dio la información, como siempre), y no porque hicieran nada extraordinario, sino sólo por el mero hecho de existir. Fueron avistados cerca de la costa, en el cabo de Lastres (Asturias-España), y enseguida se dio la voz de alarma. Miembros del CEPESMA les ayudaron a cambiar su ruta para que volvieran a alta mar. Es una buena noticia que no les haya pasado nada, pero es lamentable que sean noticia. Junto a la tortuga laúd y a las marsopas, estos grandes animales marinos son los que corren mayor peligro de desaparición, por eso, sólo su avistamiento supone un hecho ya de por sí extraodinario. ¡Qué pena!
A pesar de su enorme boca, el tiburón peregrino
no come más que plácton.
A pesar de que son dóciles como las vacas y que sólo comen plácton, el hombre siempre se ha dejado llevar por su fiero aspecto (es que cuando abre la boca... da respeto) y ha propiciado todo tipo de leyendas que siempre les han señalado como una amenaza. La más significativa fue la del Monstruo de Stronsay:
Fue a principios del siglo XIX, cuando en el archipiélago de Orkney (Escocia) se empezó a hablar de la existencia de un monstruo marino -que decían que estaba emparentado con el del Lago Ness-. En 1808, en una playa de la isla de Stronsay, el hallazgo del cuerpo corrupto de una extraña criatura marina disparó la leyenda. No hubo tiempo para que los científicos examinaran a fondo el cadáver, puesto que las tormentas destrozaron el cuerpo, pero el testimonio de los que lo vieron no dejaban lugar a dudas de que se trataba de una animal extraordinario, de un monstruo de las profundidades: medía 17 metros de longitud, tenía un cuello muy largo, una ondulante cola y ¡seis! patas. Durante décadas, el mito del la Bestia de Stronsay sirvió para asustar a niños y mayores. Sin embargo, algunos restos (óseos, sobre todo) de esa excepcional criatura marina se conservaron (están en el Royal Museum of Scotland, en Edimburgo) y fueron examinados por el doctor Everard Home quien determinó que la bestia era, ni más ni menos, que un inofensivo tiburón peregrino. La rápida descomposición del cuerpo, sobre todo de la mandíbula inferior, los lóbulos de la cola y las aletas dieron al cadáver el aspecto de una criatura fantástica, con cuello largo, cola y patas..., el cotilleo popular hizo el resto.
Un peregrino muerto tras caer en las redes de los pescadores
en un puerto de L'Scala (Gerona).
Estos "monstruos de Stronsay" que han sobrevivido a su famoso antecesor escocés, hoy vagan por nuestros mares esperando su extinción final. Por su docilidad y su lentitud al nadar, siempre fueron objetivo de los pescadores. Un tiburón peregrino de tamaño medio (entre 6 y 8 metros) puede generar hasta una tonelada de carne y 400 litros de aceite. Hoy ya están protegidos por la ley en la mayoría de los países, pero parece que la regulación ha llegado tarde, están en vía de extinción. Además, aún es habitual ver sus cadáveres enganchados en las redes, víctimas de la llamada pesca incidental, que también padecen otros animales emblemáticos como las tortugas, los delfines, etcétera, etcétera. Ojalá, algún día estos peregrinos de los océanos encuentren su santuario y puedan vivir en paz.
¡Larga vida a los océanos!

domingo, 8 de abril de 2012

Las tortugas sagradas de Kandav



Mi perla papuana./CHANO MONTELONGO
Fue en una aldea sin nombre donde me encontré aquella perla papuana. Apenas siete añitos de cuerpo enjuto y huesudo, morena y de sonrisa perenne. Sus grandes ojos negros ejercían un enorme poder hipnótico cuando los abría bajo el agua transparente de aquella exótica playa. Posó para la cámara tan profesional como cualquier modelo y tan natural como lo hacen las criaturas marinas que suelo retratar. Más tarde, ya sobre la cálida arena y junto a sus hermanos y hermanas, me regaló una deliciosa historia llena de sabiduría: 

Dicen los viejos de Fidji que hace mucho, mucho tiempo, la bella princesa Tinaicoboga, esposa del jefe de la tribu de Namuana, salió a pescar en canoa con su hermana Raudalice. Ese día fueron más lejos de lo habitual, hasta los arrecifes del este de la isla de Kadavn.
En medio de la faena, las abordó una enorme canoa de guerra de Nabukelevn, el pueblo vecino y rival. Las jóvenes fueron apresadas, maniatadas y arrojadas al fondo de la gran embarcación. Aunque suplicaron por sus vidas, los despiadados guerreros de Nabukelevn no las escucharon y comenzaron a remar hacia su poblado.
Pero los lloros y los lamentos de las mujeres sí que fueron oídos por los dioses del mar. Ante tanta desdicha, se apiadaron de ellas y provocaron una enorme tormenta que zarandeó la canoa. Las enormes olas amenazaban con hacer zozobrar la nave y el agua comenzó a entrar. A medida que se hundían, el pánico se apoderó de los feroces guerreros que, atónitos, contemplaron como las dos jóvenes comenzaban a transformarse en tortugas marinas gigantes
Tortuga en Clarence Wall (Palau)./CHANO MONTELONGO
Sin entender muy bien lo que pasaba, temerosos por sus vidas, los hombres las lanzaron al mar y, solo entonces, las aguas comenzaron a calmarse. La tormenta amainó y las olas desaparecieron. El mar recobró su paz.
Los guerreros de Nabukelevn consiguieron regresar a su pueblo y las dos mujeres de Namuana, convertidas en hermosas tortugas, vivieron para siempre en las aguas de la Bahía de Kadavn.
En la actualidad, todavía, las tortugas gigantes -que dicen los fidjianos que descienden de estas dos princesas-, tras un mágico ritual en las que las jóvenes de Namuana cantan canciones desde los acantilados, siguen volviendo a esta isla y saliendo, una a una, a la superficie para escuchar la música. El pueblo asegura que espíritu de Tinaicoboga y Raudalice sigue latente en ellas.

Buceador junto a una tortuga en lso arrecifes de Banco Chinchorro (México)./CHANO MONTELONGO

Desde que mi perla papuana -que calculo que hoy ya debe de tener cerca de 17 o 18 años, probablemente también un par de hijos y, seguramente, habrá perdido a otro y que espero que a pesar de esto no haya olvidado aquella sonrisa inocente que grabó en mi cámara- me contó esta vieja leyenda, no puedo evitar mirar a los ojos a todas las tortugas que me encuentro en mis viajes, intentando hallar en sus miradas un indicio del espíritu de aquellas dos princesas fidjanas, aunque hasta ahora sólo he encontrado consuelo maternal con un punto de bella tristeza, quizá de añoranza de otros tiempos mejores en los que eran más veneradas que perseguidas.
Buceadora y tortuga
en Belice./CHANO MONTELONGO
Las tortugas, tras 100 millones de años de existencia, de sobrevivir a la Edad del Hielo y a la mismísima extinción de los dinosaurios, hoy, y a pesar que todas las tortugas marinas están protegidas por las leyes internacionales, algunas especies sufren un grave riesgo de desaparición: en Molucas y Papúa les encanta su carne a la brasa, en occidente, lo que les gusta es colgar sus caparazones de la pared y utilizarlo en el sector de la joyería y en el Pacífico americano creen que sus huevos son un poderoso afrodisiaco.

El ser humano está acabando con las poblaciones de estos quelonios, uno de los animales más antiguos que habita este planeta. Es el momento que decidamos en donde queremos estar: en el bando de los que entienden o de los que nunca han querido entender nada.

¡Larga vida a los océanos!
Tortuga en Bajo Tiburones (Guanacaste-Costa Rica)./CHANO MONTELONGO

martes, 3 de abril de 2012

Encuentran, por fin, al Kraken

A pesar del "fiasco" científico que, al parecer, fue la inmersión de James Cameron en la Fosa de las Marianas -y de la que cada vez sabemos más detalles de las cosas que no funcionaron bien-, parece que no todo fue en balde porque, al parecer, ¡por fin! hemos encontrado al temido Kraken de los fondos abisales y, por lo que cuentan, nada tiene que ver con lo que cuentan las leyendas, ya que es negro, desafiante y... ¡divertido! o así es como lo definen sus descubridores: Global Premiun Brands... 

 

"Por un ojo de buey ví su enorme ojo mirándome desafiante y, por el otro, ¡vi al mísmísimo Kraken!... flotando inerte
en el fondo abisal..., confieso que se me atragantó la cerveza." 


Por supuesto, se trata de una broma en la que el terror de los mares es un nuevo ron de las Islas Vírgenes, The Kraken Black Spiced, que tiene muy buena pinta y que aquí, en la redacción del periódico en el que trabajo, ya estamos esperando una botella de muestra para catarlo en condiciones.

Lo que me ha llamado la atención de la nota de prensa que me han enviado es que narra una nueva versión de la leyenda del Kraken, una desconocida pero, aunque sea comercial, es tan válida como cualquier otra, porque de eso tratan los mitos y leyendas, de historias fabulosas donde la realidad y la ficción se funden y se confunden... y en este blog (en el que, teniendo en cuenta su título, no le vendría mal un patrocinador como éste) tienen cabidas todas estas cosas que nos hacen soñar y abstraernos por un momento de la cotidianidad de nuestras sencillas vidas:

La leyenda del Kraken
Hace mucho, mucho tiempo, un barco que transportaba un cargamento de ron especiado negro desde el Caribe a Noruega, nunca llegó a su destino porque sufrió uno de los temidos ataques del Kraken. Todos los marineros fueron literalmente aniquilidados, al igual que todos los barriles de ron que contenían las bodegas de la nave, excepto uno, que pudo llegar a su destino y que fue ofrecido a la reina de Noruega en forma de disculpas por el cargamento perdido. Así, este ron especiado que aún desprendía tinta negra del ataque fue renombrado como Kraken, en homenaje al poder indiscutible de esta bestia y su legendaria fuerza. Y como suelen decir los marineros desde entonces: "No respetar al Kraken es no respetar el mar".

El Kraken debe estar adormilado en algún ricón del océano ¡Te encontraré!
Y aunque ya hayamos encontrado al "Kraken" (o, más bien nos haya encontrado él a nosotros), que me disculpen los responsables de este exótico ron, porque yo voy a seguir con mi incansable y utópica búsqueda del mayor mito que oculta el mar (a ver que nos encontramos por el camino) y, por supuesto, os invito a todos a acompañarme en este profundo viaje.

¡Larga vida a los océanos! (y, en este caso, al Kraken, claro)

domingo, 1 de abril de 2012

Expedición Manokwari 2012 en Magazine de ELMUNDO

Este fin de semana, la revista dominical Magazine del periódico EL MUNDO ha publicado un amplio reportaje sobre la Expedición Manokwari 2012.
El artículo, además de mostrar espectaculares fotos de los tiburones ballena de Cenderawashi (Papúa occidental, Indonesia), explica por qué en las últimas fechas esta colonia del pez más grande que existe ha revolucionado a la comunidad científica internacional.

El reportaje se puede descargar PINCHANDO en la imagen:





¡Larga vida a los océanos!

viernes, 30 de marzo de 2012

Cameron no estaba sólo allí abajo



¡Que no se alarme nadie! que no voy –ni pretendo- rebatir el espléndido récord que el cineasta James Cameron batió esta semana al hacer una inmersión en solitario en la mismísima Fosa de las Marianas. Sin duda era el único ser humano ahí abajo..., pero no el único ser vivo. Apenas nos han dejado ver aún –lógicamente- las imágenes que captaron las sofisticadas cámaras del Deepsea Callenguer –el juguetito de última generación que nos gustaría tener a más de uno-, pero en círculos científicos y periodísticos ya se especula que se ha traído “del otro mundo” una
información excepcional que no tardaremos en ver –y que no tardarán en rentabilizar, por supuesto…, se han gastado una fortuna en el proyecto-. Cameron ha contado ya lo que vio: “un mundo remoto, extraño y solitario”, pero no lo que sintió, porque si hay una sensación que tenemos todos los submarinistas cuando irrumpimos en ese mundo acuático es que nos observan miles de ojos –es lo que nosotros llamamos critters-. Aunque no veamos nada a primera vista, siempre hay algo que nos acecha, que se esconde, que se oculta por ley de vida, pero que no pierde ni un detalle de lo que pasa en su silencioso mundo.
De todo –y lo poco- que dijo Cameron tras su hazaña yo me quedo con la frase: “Si hay una frontera en el siglo XXI donde haya algo no visto o no tocado por el hombre, está en los fondos marinos”. Pero, ni siquiera hay que irse tan profundo –a 11.000 metros- para averiguar esto. El hombre, que ya ha puesto el pie en la luna y explorado algo del espacio exterior, sólo conoce poco más del 1% de nuestros océanos, el resto está inexplorado, es desconocido para nosotros. Probablemente, a muchos no les diga nada esto, pero a otros pocos, el saber que hay aún millones de lugares donde el hombre no ha estado nunca, les pone mucho. Yo lo confieso, soy uno
de ellos. Gracias a mi trabajo, en estos últimos años he conseguido llegar a algunos de esos lugares vírgenes, donde nunca nadie ha estado antes… y no siempre había bichos nuevos que catalogar, en algunos, ni siquiera había rastro de vida animal, pero siempre, siempre, la sensación de que algo inesperado podía pasar o presentarse en cualquier momento estaba presente y justificaba cualquier esfuerzo.
Abajo, en el fondo del mar, el observador siempre tiene la impresión de ser observado y, aunque Cameron no lo ha dicho, él también, seguro, seguro, que tuvo esa sensación, aunque allí, tan abajo, en las insondables profundidades abisales, sí que es difícil que te miren, pues las criaturas abisopelágicas que allí habitan, aunque tienen ojos, son ciegas debido a la oscuridad total que lo invade todo. Allí todo tiene una curiosa
apariencia monstruosa, estos critters tienen huesos bajos en calcio y poco desarrollados y sus cuerpos están llenos de líquido para poder soportar el peso de la columna de agua que tienen sobre ellos (así mantienen igualadas las presiones externas e internas) y, para sobrevivir a la falta de alimento, presentan interesantísimos cambios evolutivos: grandes bocas, dientes desproporcionados, estómagos deformables, órganos bioluminiscentes…, ¡buff!, ya me estoy imaginando las imágenes que las cámaras 3D del Deepsea Challenguer captaron en esta primera inmersión…, porque habrá más, seguro. Con Cameron, ha caído una de las últimas fronteras inexploradas de nuestro planeta y pronto caerán más mitos…, quien sabe, incluso la del misterioso kraken. Estaremos atentos.

¡Larga vida a los océanos!

PD: Espero que os gusten las fotos de mis critters "particulares" con los que he ilustrado el post.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Que ver antes de morir...feliz



Tiburón ballena y modelo en Cenderawashi/CHANO MONTELONGO

"He sentido tanta paz ahí abajo, que si ahora, en la cubierta del barco, me sobreviene repentinamente la muerte, moriría feliz". Esta frase -que bien podrían haber sido pronunciada hace unos días por el cineasta James Cameron tras bajar a la Fosa de las Marianas a 11.000 m. de profundidad- fue un pensamiento espontáneo en voz alta que María, mi compañera de inmersiones y modelo subacuática, dijo tras estar más de una hora posando con cinco inmensos tiburones ballena que se turnaron para no dejarla sola ni un instante.
Con 20 años ya buceando en todo el planeta, las experiencias vividas bajo el agua puedo contarlas por cientos, pero lo de esta inmersión tan especial necesita un capítulo aparte: Fotógrafo y modelo solos, inertes, sin apenas aletear ni moverse, flotando a escasos metros de profundidad en un agua transparente y bajo un sol resplandeciente que más que colgado, parecía flotar en la superficie, lanzándonos haces de luz que nos envolvían -a seres humanos y animales- en un aúrea brillante que apenas dejaba enfocar mi cámara, difuminando los contornos y bañandolo todo con unos colores vivos que convertían las escenas en verdaderas viñetas de cómic.
Este vídeo -aunque no fue filmado exactamente en esta inmersión- muestra muy bien lo que pudimos vivir ahí abajo:
video


Las imágenes de la película son mías, pero el mérito es del montador del vídeo, Edu J. Llanos, buen amigo y trabajador de Antena 3 TV. Y si comparais este vídeo con el que está colgado en el post anterior ("Los tiburones vuelven a casa") podreis asistir a lo que sería un magistral clase de Lenguaje Audivisual. Con las mismas imágenes, estos dos profesionales de la edición de vídeo -el otro es David Montelongo, director de Salitre Producciones- han hecho dos trabajos excepcionales que muestran visiones completamente opuestas de la misma inmersión. Mientras en el vídeo "En el Santuario de los Tiburones Estrella" el resultado es más épico, más aventurero y con más derroche de adrenalina..., cortando secuencias bruscamente y dándole más ritmo a la acción (y donde uno parece no poder respirar hasta el final), en éste último vídeo, más relajante, profundo y onírico, las secuencias mueren por sí solas dejándose llevar por una música embelesadora...(aquí tampoco se respira..., porque es casi un expiración profunda). Es una vivencia para justo antes de morir...feliz.
El periodista Chano Montelongo durante la filmación del vídeo
"En el Santuario del Tiburón Estrella"/FOTO: PACO PARRA


¡Larga vida a los océnos!




domingo, 25 de marzo de 2012

Los tiburones vuelven a casa


Los tiburones y los hombres, siempre juntos y en la misma dirección, por favor./CHANO MONTELONGO

Entendemos como santuario un lugar sagrado, seguro y protector. Los creyentes cuando pisan uno de estos lugares de veneración se sienten conectados espiritualmente al ente que lo habita, lo llena y lo justifica y, casi siempre, esa energía que lo envuelve todo hace que agachemos nuestras cabezas en señal de respeto a algo o a alguien que está por encima de nosotros mismos. Pero es una cuestión de fé, por lo que no todo el mundo percibe lo mismo cuando irrumpe en ellos.
Hace apenas un mes y medio que he vuelto de Papúa occidental, de la bahía de Cenderawashi, y aún tengo la sensación de haber estado en uno de estos santuarios donde la naturaleza es la única fuerza vital, sin santos, ni dioses, ni imágenes divinas en sus paredes, sólo la vida en estado salvaje. Allí, a 12 millas de ninguna parte, en medio del mar, los gurango bingtan (tiburones estrella en indonesio), como los llaman los indígenas, han encontrado su santuario particular, un lugar donde el hombre les venera y no les persigue para arrancarles sus aletas. Por ello se han convertido en la primera colonia de tiburones ballena estable del mundo (dato aún sin confirmar por la comunidad científica). Ya no peregrinarán más por los océanos del planeta ¿para qué? Aquí se sienten protegidos. Ya están en casa.
No suelo filmar vídeo. Me dedico exclusivamente a la fotografía naturalista, pero en esta expedición no pude evitar filmar el encuentro que tuvimos con estas criaturas del mar. Después de que las imágenes hayan sido tocadas con la varita mágica de mi hermano David, un gran profesional de la edición de vídeo, éste es el resultado. Recomiendo verlo en pantalla completa y con el volumen a tope. Disfrutad y no intentéis relajaros, porque no lo conseguiréis. A muchos se os pondrán los pelos de punta:


Pincha en la foto para ver el vídeo/CHANO MONTELONGO
Este vídeo muestra la naturaleza en su estado más extraordinario. Muestra al pez más grande del mundo y a una de las criaturas más desconocidas del planeta que está en riesgo de desaparición a manos de su único depredador, el hombre. Aunque tengamos fé en la Naturaleza, habrá que echarle una mano para que pueda proteger con garantías a todas sus criaturas. Arrimemos todos el hombro en esta misión, por favor. 

¡Larga vida a los océanos!

viernes, 23 de marzo de 2012

La Expedición Manokwari 2012 en TV



Cuatro componentes de la Expedición Manokwari 2012
observan a un tiburón ballena/CHANO MONTELONGO

Esta semana, un programa de la TVE en Canarias ha emitido un reportaje sobre nuestra última expedición en aguas de Papúa Occidental, en febrero pasado, donde habita la única población estable de tiburón ballena del mundo.

Si queréis ver el reportaje, con imágenes submarinas de mi compañero Jordi Lafuente, podéis encontrarlo en www.youtube.com/user/vampirito/videos

Os dejo, además, un par de fotos más de los extraordinarios tiburones ballena de Nabire.

Cinco tiburones ballena en Cenderawashi/CHANO MONTELONGO



¡Larga vida a los océanos!

lunes, 19 de marzo de 2012

Dakuwaga, el Dios Tiburón

Fue en la isla de Pantar donde encontré a Daggon, subiendo al volcán Gunnung Sirung durante un día de descanso en una expedición al Estrecho de Alor. Escuálido, de piel muy morena, arrugada y ajusticiada por el sol, de pelo canoso y de una mirada tan produnda e insondable como el mar. Fue en el camino cuando nos cruzamos y, al ver los trazos sobre mi brazo, los señaló y dijo: "cabeza de pájaro, cola de ballena y aletas de tiburón". Había reconocido a Tangaroa, el protector de los océanos en la mitología polinésica. Tras conseguir que me detuviera, me dio la espalda y se aproximó al borde del camino, mirando al mar, y se puso de cuclillas mientras clavaba en el suelo el machete-lanza que portaba y, sin mirarme, empezó a hablarme:

Tiburón limón en aguas del Caribe/CHANO MONTELONGO

Dicen que Dakuwaga solía afilar sus dientes contra las rocas del arrecife produciendo un inquietante sonido que no dejaba dormir a los habitante de la isla de Vanua Levu. Dakuwaga era un monstruo marino, mitad dios, mitad pez, guardián de los arrecifes del archipiélago, una bestia valiente, fuerte y muy orgullosa que acostumbraba a adoptar la forma de un tiburón para enfrentarse al resto de guardianes del mar.
Un día, mientras nadaba entre los arrecifes de la isla de Bega, Dakuwaga encontró a un viejo amigo, otro tiburón sagrado llamado Masilaca, para el que corrían malos tiempos..., se decía que había sido derrotado y humillado por un ser monstruoso que le disputaba el territorio. Masilaca, con la voz aún entrecortada por el miedo, le habló de la fuerza sobrenatural del guardián de la isla de Kadavu y le pidió ayuda para vencerlo.

Tiburón tigre en Christmas (Australia)/CHANO MONTELONGO
Sin pensarlo, el orgulloso y engreído guardián de los arrecifes se dirigió hasta los dominios de este misterioso ser. Le buscó entre los corales, dentro de las cavernas, en los veriles del fondo marino y no le halló..., pero, cuando se disponía a volver oyó alboroto no muy lejos de aquellas aguas y se acercó a ver lo que sucedía. Allí, entre las paredes del arrecife se vio sorprendido por la monstruosa visión de la bestia que habitaba la costa de Kadavu, era un deforme pulpo gigante, que adoptaba aformas y terroríficas figuras y que destrozaba los corales con sus poderosos y gruesos tentánculos.

Ojo de pulpo (Gozo-Malta)/
CHANO MONTELONGO

Cuando la bestia vio a Dakuwaga se abalanzó contra él y el dios tiburón intentó esquivar la acometida con su legendaria velocidad, pero los tentáculos del monstruo fueron más rápidos y le atenazaron. La presión que ejercía sus abobinables apéndices no le dejaban respirar y, mucho menos, moverse. Sin posibilidad de defensa, asfixiado y a punto de perecer, Dakuwaga solicitó clemencia por su vida.
El pulpo le miró con su único ojo y le preguntó que le ofrecía por su vida. El guardián tiburón le dijo que si le perdonaba, jamás haría daño a la gente de Kadavu y que nunca podría en duda su legitimidad sobre estas costas de la isla. La bestia le liberó y Dakuwana cumplió su promesa.
Desde ese día, los habitantes de la isla de Kadavu no temen a los tiburones y no comen tiburón, ni pulpo, por respeto a sus dioses marinos. Incluso, hoy día, algunos pescadores de este lugar siguen celebrando un ritual en su honor, vertiendo un cuenco de yagona en el mar antes de salir a faenar.

Raggie Shark Tooth (Sudafrica)/CHANO MONTELONGO
Daggon acabó su relato y se incorporó. Seguía sin mirarme. Luego se aproximó a mí, puso su mano sobre el tiki de Tangaroa, en mi brazo, y me susurró al oído unas enigmáticas palabras que, en ese momento, carecieron de sentido para mí. Sin desperdirse, se dio media vuelta y desapareció camino abajo canturreando algo. Tres años después comenzé a comprender parte de aquello que me dijo, pero eso es otra historia...



¡Larga vida a los océanos!

Dos tiburones tigre en aguas de Bahama/CHANO MONTELONGO

miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Se lo comen todo!



Las mantas se ayudan de estas protuberancias para arrastrar el placton
a la boca (Jángamo. Mozambique)/CHANO MONTELONGO 

Si alguien alguna vez tiene la oportunidad de ver con detenimiento como se alimenta una manta, seguramente le sorprenderá la delicadeza que emplea para hacerlo, como mueve con maestría y suavidad esas protuberancias (que algunos llaman "cuernos") que tienen a ambos lados de la boca y que les sirven para arrastrar la comida hacia el interior de la misma. Ese elegante refinamiento sutil -es como comer con los dedos pero con pulcritud, sin mancharse apenas- contrasta con la de otros grandes depredadores del mar (ahora se me viene a la mente el recuerdo del frenesí que se produce cuando come un gran tiburón, uno de las situaciones más peligrosas que nos podemos encontrar bajo el mar), no en vano estamos ante el pez con el cerebro más grande del planeta, en proporción con su tamaño.
En mi clasificación personal, tengo a este extraño pez, con forma de platillo volante y que vuela de forma majestuosa como un águila, entre los "animales asombrosos", ya que es uno de los habitantes más misteriosos del océano y del que se desconoce casi todo. Para los buceadores, las mantas son amigas -al contrario de lo que suele pensar la población ajena al mundo del mar que aún creen, equivocadamente, que tienen un aguijón venenoso y mortal como las rayas- con los que compartir increíbles inmersiones en las estaciones de limpieza (el lugar a donde acuden diariamente para ser desparasitadas por pequeños peces), pero para otras muchas personas no suponen más que un fructífero negocio..., algo que no estaría mal si no se tratara de una especie cuya existencia está comprometida..., pero se sabe tampoco de ella que ni siquiera es posible conocer si está en peligro de extinción o no. El último informe (de febrero pasado) de las organizaciones WildAid y Shark Savers así lo asegura.
Mercado de Manado/
CHANO MONTELONGO
Hace apenas un mes, me interné en el angustioso Mercado de Manado (Indonesia) donde vi escenas poco aptas para reproducir. Fui en busca de los famosos puestos de comida rápida donde te cocinan en directo murciélago, serpiente o perro (a la brasa... y bien chamuscaditos). Pero lo peor fue atravesar la lonja de pescado. Los puestos estaban llenos de todo tipo de pescados, desde pequeños peces tropicales como las damiselas y cirujanos, hasta grandes meros y barracudas. Los pasillos estaban sucios, encharcados y hasta embarrados (fue una equivocación ir con las chanclas) y me sorprendió como los vendedores utilizaban la misma agua del suelo para refrescar el pescado y espantar a las moscas y alguna rata que vi caminar sobre el producto. Entre tanto caos y confusión y olores indescriptibles observé, sobre una de las mesas de la zona más oscura y apartada, una serie de piezas de pescados que, a primera vista, no eran reconocibles. Se trataba de los arcos branquiales de grandes mantas. No soy nada escrupuloso ni remilgado -y menos cuando trabajo- pero debo de reconocer que se me revolvieron las tripas.
Detalle de las branquias. Picos (Golfo de México)/
CHANO MONTELONGO
Al parecer, esos filamentos que utilizan estos peces para filtrar y separar el placton del agua -y que tantas veces, los buceadores nos hemos quedado anonadados observándolos detenidamente- tienen milagrosas propiedades curativas, según la medicina tradicional china. En realidad no es verdad y lo demuestra el que durante muchos tiempo su utilización fue abandonada incluso por los chinos, pero, ahora, los comerciantes asiáticos han vuelto a ponerlo de moda bajo la creencia de que curan enfermedades como el cáncer o son recomendables para tratar la varicela. Y el consumo de los arcos branquiales ha vuelto a resurgir en el mercado asiático, tanto que WildAid y Shark Savers han disparado las alarmas asegurando que el crecimiento de la demanada ha sido devastador para la población de mantas. Indonesia, Sri Lanka, el Este de Africa y Perú son las zonas de mayor captura de este animal y la ciudad de Guangzhou (en el sur de China) se ha convertido en el centro neurálgico de este comercio. Allí, los arcos branquiales se venden a 350 euros el kilo. Las branquias se hierven en agua y se consume como una sopa, que dicen que sabe a rayos, pero ya conocemos la voracidad de nuestros vecinos asiáticos ¡que se lo comen todo!
No es la primera vez que esta especie se ve amenzada por su principal depredador: el hombre. En los años 90, la población de mantas fue diezmada en las costas de Filipinas, Argentina, California y Golfo de México, donde las cazaban con arpón porque su carne era muy apreciada por su sabor (además del uso que se sacaba del aceite extraído de su hígado), pero salieron adelante y superaron la crisis. Ahora, una nueva amenaza: la sopa de branquias.
Manta en German Channel (Palau)/
CHANO MONTELONGO
La manta gigante (Manta birostris) es una especie muy sensible a este tipo de mercado, ya que es un animal que se reproduce muy poco. En sus 50 años de vida, las hembras pueden parir sólo una media docena de veces y, de cada vez, pueden nacer dos o tres crías, como mucho. Estos datos no están contrastados del todo por el mundo científico, ya que de las mantas se desconocen casi todo: cuanto dura exactamete su periodo de gestación (que oscila entre 9 y 12 meses), donde y cuando paren (se cree que en zonas a poca profundidad), cuantas especies hay (se han determinado dos -la gigante, que es migratoria, y la alfrendi, que habita siempre en el mismo arrecife- pero se cre que hay una tercera que vive en el Caribe)... Muchas preguntas aún sin respuesta para una especie animal que parece que ya está en peligro de extinción, que no tiene ninguna protección internacional y que cuenta con el handicap de que no existe concienciación por parte de la opinión pública sobre su problema..., por todo esto, las organizaciones ambientales creen que su final es ya irremediable... y que es una lucha que, quizá, ya hayamos perdido.
Yo no lo creo así y, por ello y más que nunca, me quedo con el gusto de compartir mis recuerdos personales... jugando con las mantas de Palau (Micronesia) mientras hacían rizos en el azul para alimentarse y estimularse con nuestras burbujas, con el trío que nos sorprendió en Gunnunapi, en el Mar de Banda (Indonesia) en pleno cortejo nupcial, con las de los arrecifes de Jángamo (Mozambique) habituales de las estaciones de limpieza donde se desparasitaban, o las curiosas y solitarias que se acercaron a nosotros en Picos (Golfo de México) o en la Bahía de Cenderawashi (Papúa occidental)..., estampas de la naturaleza más salvaje en plenitud.

¡Larga vida a los océanos!

Manta en aguas de la isla de Gunnunapi, en el Mar
de Banda (Indonesia)/CHANO MONTELONGO


jueves, 8 de marzo de 2012

Viaje al macabro infierno maya





Dos cráneos mutilados según los rituales mayas, en el Cenote San Antonio (Mérida)/ CHANO MONTELONGO
 
Nunca me he estremecido tanto que cuando irrumpí, por primera vez, en la morada de Chabtán, el Dios maya de los sacrificios humanos. Inerte, pálido y con el halo de la muerte marcado en sus vacías cuencas de los ojos, el cráneo humano se empeñaba en recordarnos que estábamos entrando en Xibalbá, el inframundo maya, como si a los que formábamos aquella expedición se nos hubiera podido olvidar en algún momento . ¡Llevábamos días teniendo pesadillas!
No recuerdo ya cuando fue la primera vez que viajé a esa dimensión retorcida que esconden los cenotes (pozos sagrados mayas) mexicanos. He viajado por todo el mundo, pero es en México donde he encontrado las mayores conexiones espirituales y paranormales que recuerdo. La magia y el misticismo son patentes en cada rincón de esta tierra, en sus gentes, en sus pueblos, en su iconografía, en sus selvas, en su naturaleza y su particular mundo subacuático, siempre en penumbras y misterioso (ya contaré en un post posterior mi encuentro con los aluxes, los duendes mayas de los cenotes,... algo muy difícil de contar para un escéptico por naturaleza como yo).

El arqueólogo Guillermo de Anda
descendiendo en rapel a un cenote.

Acabo de publicar un artículo "Buceando en el inframundo maya" en la revista La Aventura de la Historia -publicación seria, rigurosa, buen papel, magnífica edición..., como las de antes... ¡ay! (suspiro)- en la que hablo de la arqueología subacuática en Yucatán, de su increíble patrimonio histórico y antropológico y del impecable labor de investigadores de prestigio mundial como Guillermo de Anda o Pilar Luna (he intentado incluir aquí el pdf del reportaje, pero este blog no permite colgar este formato, así que si alguien está interesado en leer el artículo que me lo pida a chanomontelongo@gmail.com, será un placer enviárselo). Y, este nuevo trabajo me ha hecho recapacitar sobre lo que realmente hay detrás de los numerosos reportajes que he publicado en estos años sobre los yacimientos yucatecas.
Balmi, Cholul, Kanum, San Antonio y Xkankal, son algunos de los ¡miles! de cenotes (en el estado de Yucatán hay censados 2.300 y en Quintana Roo, más de mil) que aún esconden oscuros secretos por desvelar. Dos mil años antes de que los españoles entráramos como un elefante en una cacharrería en el Nuevo Mundo, los pueblos del Mayab desarrollaron fascinantes mitologías con el objetivo de dar sentido a su mundo. Todo tipo de ritos macabros -como el Chen Ku, que consitía en precipitar a personas vivas a los cenotes como ofrenda a Chaac, el Dios de las lluvia- fueron utilizados como forma de comunicación con los insaciables divinidades del Xibalbá. En realidad, los mayas no pensaban que los sacrificados morían en la caída, sino creían que sólo desaparecían en el inframundo, donde a partir de ese momento formarían parte de esa otra realidad paralela al mundo de los vivos. Los arqueólogos han sacado a flote la verdad de aquello y hoy hasta los buceadores pueden visitar estos yacimientos llenos de esqueletos de hombres, animales y objetos mayas.

Aquí os dejo un vídeo que ya utilicé hace ya unos años para dar alguna conferencia en la Sociedad Geográfica Española, sobre una expedición al Xkankal con mi amigo Pepe Esteban -que, por cierto, tiene un nuevo centro: www.pepedivecenter.com-, y con el que explico esos lazos de los mayas con su despiadado inframundo:



video

En las varias expediciones que he participado en yacimientos arqueológicos me ha pasado siempre lo mismo: la objetividad (y.., seamos claros, la ansiedad, por estar ante la noticia) no me ha dejado ver más allá de lo que me mostraban mis ojos. Me he dado cuenta que la obsesión por obtener la foto del reportaje, el tomar apuntes mentales para no olvidarme de nada de lo que mis ojos veían, en definitiva, el trabajo periodístico me ha impedido siempre ver más allá de la noticia, sólo cuando he tenido ocasión de sumergirme en estos "santuarios sagrados" con el trabajo finalizado, es cuando me he dado cuenta de que allí, junto a mí, en el silencio de las cuevas inundadas, habían más cosas a mi alrededor..., sensaciones, energías y también más riesgos de los que percibí en el primer contacto..., y muchas veces, cuando oígo a mis compañeros narrar lo que vivieron allí abajo, les tengo envídia porque fueron capaces de percibir más sensaciones que yo, de dejarse poseer por la magia del lugar, aunque, a veces no sólo sean sensaciones agradables.

Buceadora con vasija en Xkankal/
CHANO MONTELONGO
Tras un cráneo mutilado, tras los restos óseos de una víctima de un ritual sagrado que murió sin entender nada, evidentemente hay un drama... y cuando en el mismo espacio hay varios cadáveres, nos encontramos ante una especie de sepulcro al que, probablemente, deberíamos mostrales algo más de respeto. A veces me imagino, que dentro de mil años, en 3.012 (si no nos hemos cargado antes el planeta), los hombres del futuro encuentren uno de nuestros cementerios, abran las tumbas y exhiban nuestros huesos, desnudos, a su sociedad (por eso quiero que me incineren)..., pero la Historia es la Historia.

Hablando con mi amigo el arqueólogo Guillermo de Anda veo que a él también se les plantea los problemas de conciencia: "cuando me encuentro frente a los restos humanos resultado de un probable sacrificio, pienso que el investigador tiene que prevalecer antes que el ser humano... y lo intento, pero me doy cuenta de que eso es imposible. Cada vez que me encuentro ante esta situación trato de disfrazarme del investigador frío y objetivo pero, sin remedio, el ser humano aflora en algún momento y me provoca toda clase de sentimientos. Es cierto que uno se va acostumbrando a eso, pero, siéndote totalmente honesto, siempre he luchado por no acostumbrarme, por no perder nunca la capacidad de asombro. Recuerdo en especial un momento de rompimiento: fue en una ocasión cuando descubrí el cráneo de un niño de aproximadamente 8 años de edad. El cráneo presentaba claras marcas de corte, probablemente, por desollamiento. cuando observé de cerca las cuencas orbitarias pude constatar que el interior de éstas presentaban las típicas marcas espirales de la criba orbitalia, una característica producida por años de mala nutrición, tal vez condiciones anémicas o alguna enfermedad hemorrágica. La impresión que me causó ese cráneo fue muy especial. Una combinación de tristeza, compasión, difícil realmente de describir..., te confieso que ese día me quebré por completo... trato siempre, estimado Chano, de hacer mi trabajo frío, científico, objetivo, como tú bien planteas que debe hacerlo un periodista o científico, pero de una u otra manera aflora siempre el sentimiento humano, y a pesar de que algunas veces esos sentimientos se interponen con la objetividad, no pueden evitarse nunca. De hecho, creo que esa perspectiva humana no debemos perderla nunca".
Recuerdo bien cuando los valientes del grupo de Televisa -el cámara, el iluminador y el redactor- casi se pelearon por ver quien salía primero del agujero del San Antonio y dejaron sola a María, flotando en aquellas aguas, para que se encargara de la evacuación de todos los equipos del grupo, con la única compañía de mi voz, al otro lado de la cuerda, en la luz, y a 18 metros de altura, hablando de temas dispares que distrajeran su atención mientras terminaba el trabajo. Ella todavía se estremece recordándo la inquietud que desprendían aquellas paredes mientras acababa su labor en la soledad de aquél cementerio milenario, donde nadie nunca quiso estar, donde la tristeza, el horror y el drama aún podía palparse en el aire enrarecido del pozo. He visto a mi inseparable compañera de inmersiones afrontar todo tipo de situaciones sin inmutarse, desde mantener el tipo dándole la espalda a un enorme tiburón tigre de cinco metros y preocuparse sólo de aguantar la respiración para que las burbujas no estropearan mi fotografía, hasta como continuó con la exploración de un cenote oyendo como las paredes se caían a nuestro alrededor, pasando por algún que otro salto al agua desde un risco a más de ocho metros de altura, cargada con todo el equipo, y sin saber muy bien que había abajo...., pero el día del Xkankal, dudó. Esto es México, miedo y fascinación a partes iguales.

Moviendo un compresor de 120 kilos en la primera gran expedición que se
realizó al Cenote Pedrín, en el Ejido de Jacinto Pat/ CHANO MONTELONGO


¡Larga vida a los océanos!

lunes, 5 de marzo de 2012

Balada del "tiburón alfombra"


Un "tiburón alfombra" nada en el arrecife de Raja Ampat, en Indonesia. CHANO MONTELONGO 

Al igual que los yogures, las medicinas o los profilácticos, todo tiene caducidad en este mundo, incluso el mismo mundo que pisamos..., pero lo que nos resistimos a aceptar es que, incluso, las especies de la naturaleza tengan fecha de caducidad (y aquí incluyo a la humana). He tenido la oportunidad de ver y fotografiar a varias especies de riesgo de extinción, pero si entre ellas hay alguna que me ha llamado la atención es, sin duda, es el wobbegong ornate (Orectolobus ornatus) o conocido también como "tiburón alfombra", quizá porque cuando termine por desaparecer, poca gente la echará de menos porque es un animal prácticamente desconocido y que no goza de la popularidad de otros seres vivos como el oso panda, el gorila, el lince, la tortuga boba o el tiburón ballena, todos ellos incluídos también en la lista roja de la World Conservation Union (IUCN).
La primera vez que vi uno fue en Raja Ampat, en Indonesia, en 2004, y también vi a otros en la isla de Halmahera, en Molucas, en 2007. Habitualmente se les encuentra durmiendo bajo los corales mesa, confiados en su perfecto camuflaje. A este escualo al que, más bien, parece haberle caído un piano encima (son planos y su lomo está salpicado de miles de manchas azuladas, como pequeños tatuajes), es una criatura misteriosa y bastante poco conocida. En muchos paises del Sudeste Asiático, la industria pesquera casi ha acabado con ellos: su carne es apta para el consumo humano (a la sartén con patatas fritas, lo prefieren por estos lares) y, además, su piel es tan resistente que se usa para confeccionar cuero de muy buena calidad. Pero poca esperanza hay para un bicho del que apenas se sabe nada, por lo que es muy complicado formular una adecuada regulación sobre una especie casi desconocida y que, además, tiene un apelativo (alfombra) que justifica el que sea pisoteado sin contemplación alguna. Es irónico, pero casi no ha habido tiempo para estudiar y profundizar en los aspectos biológicos de este tiburón y ya casi ha desaparecido de la faz de la Tierra...
Una buceadora descubre un wobbegong bajo unos corales
de la isla Halmahera, en Molucas. CHANO MONTELONGO

Encontrarse frente él, sabiendo que es uno de los últimos supervivientes de su especie, te produce una sensación rara..., por un lado, euforia, al tener el privilegio de admirar un ser tan especial y escaso y, por otro, confusión y desconsuelo, al pensar que pocos ya podrán disfrutar de un encuentro así. Hace un par de semanas, en la expedición a Cenderawashi (Papúa occidental) lo busqué con ahínco y avisé a mis compañeros para que estuvieran atentos, pero tuve poca suerte. Sólo en una de las últimas inmersiones, cuando estaba realizando la parada de seguridad para volver a superficie (que curiosamente -o más bién, irónicamente- es el momento en el que más cosas se ven), me pareció ver uno de ellos, deslizándose sigilosamente entre un campo de almejas gigantes (tridacnas). Me tuve que limitar a verlo en la distancia, pero fue suficiente para que hoy pueda convertir este réquiem por el "tiburón alfombra" en un musical blues, en una balada triste pero esperanzadora..., al menos, aún queda uno.


Perfectamente camuflado sobre un coral. CHANO MONTELONGO



¡Larga vida a los océanos!